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lunes, 13 de febrero de 2012

Nelson Garrido: "En Venezuela no hay un plan cultural"


Fuente: El Universal Por: Dubraska Falcon


"Es impresionante como el chavismo no ha generado un movimiento artístico paralelo. Los artistas no se pueden transformar en los bufones de la corte".

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El fotógrafo Nelson Garrido asegura que le da miedo que la sociedad venezolana pierda la capacidad de reacción ante la violencia OSWER DÍAZ
DUBRASKA FALCÓN , NELSON GARRIDO , FOTÓGRAFO Y DIRECTOR DE LA ONG |  EL UNIVERSAL
lunes 13 de febrero de 2012  12:00 AM
A Nelson Garrido (Caracas, 1952) le preocupa que el venezolano no reaccione ante la violencia -armada o no-. El director de la ONG, ubicada en la Avenida María Teresa Toro de Los Rosales, respiró aliviado cuando la sociedad respondió a la fotografía que reflejaba a unos chiquillos venezolanos armados en el 23 de Enero. "Me preocupa mucho el silencio. Que se pierda la capacidad de reacción", afirma. 

Es que para él justamente ese silencio es la causa de complicidad frente a la violencia que se está generando en el país. "Se ha caído en una especie de letargo, de comodidad y de inercia. ¡Si pasa en la sociedad venezolana, el arte no se escapa de eso! Para mí lo que hay en el país es una apatía en general, donde no se salvan ni los sectores del Gobierno ni de la oposición. ¡Que solamente se reaccione cuando se vean fotografías como la de los niños armados es preocupante! Hay una situación en el país que no estamos visualizando. El problema de la violencia es que genera miedo... miedo a no reaccionar. Me preocupa la no capacidad de reacción. Este tipo de Gobierno totalitario se instala cuando la gente no reacciona", asegura. 

-¿Cómo interpreta la imagen de los niños armados en el 23 de Enero? 

-Lo grave de esa imagen es el valor simbólico. Evidentemente esa imagen está lanzando un mensaje. El eterno problema es que lanzan esa imagen y no responden. Para mí son burbujas de ensayo para ver cómo reacciona la sociedad venezolana. ¡Menos mal que reaccionó! Además, los retratas detrás de la Virgen de Coromoto con una ametralladora. A mí lo que me preocupa con todos estos elementos de violencia es que ya no reaccionamos frente a las imágenes. Ya se transforma en cotidiano y rutina. Es como los muertos que hay en Caracas. 

-¿Se puede hablar de un realismo socialista? 

-Esto es un mescolanza tan aberrante que es impresionante como el chavismo no ha generado un movimiento artístico paralelo. Por ejemplo, los cubanos generaron la trova cubana. A nivel musical este proceso no ha generado nada, todavía se basa en lo que hizo Alí Primera. ¡Imagínate la ausencia! Ellos no han podido crear elementos simbólicos que representen este proceso. ¡Aquí no hay un plan cultural! Hay, sí, cosas espasmódicas producto de un pensamiento único. 

-Pero el Gobierno habla de cultores populares y de artistas populares, que incluso están celebrando el 4 de febrero. ¿Hay un arte revolucionario? 

-No lo hay. ¿Cuál es el producto de todos estos 13 años a nivel cultural, a parte de destrozar todo? Siempre fui muy crítico de lo que pasó antes de Chávez, como también lo soy ahora con Chávez. El problema no es plantear que antes este país era un paraíso. Chávez es la consecuencia de los malos gobiernos y las malas políticas. El problema es que ellos no han generado nada porque es algo impuesto. Es lo mismo que sucede en el PSUV que no termina de constituirse. Entonces, menos se puede concretar un proyecto cultural. Están proyectando son artistas populares ya formados que no son generados por el proceso. 

-¿Y quiénes creen en una cultura socialista? 

-Si creen en eso no tienen elementos de donde agarrarse. El gran problema para mí es que el Gobierno es un eterno acto cultural, y con actos culturales no se hacen cosas transcendentes. ¡Pero no hay un pensamiento crítico revolucionario! Para mí este proceso no es un proceso revolucionario. Lo que sí tienen, que es diferente a generar cultura, es el aparataje publicitario. El Gobierno a nivel de imagen sí ha hecho un gran trabajo: no han parado de hacer campaña, pero sin contenido. Quieren aplicarle a la cultura el esquema de sus campañas. 

-¿Cómo transformar la violencia cotidiana en arte? 

-El centro de mi trabajo es la estética de la violencia. Es una reacción del arte de la situación que está pasando. El arte no puede ser el de la corte. ¡Los artistas no se pueden transformar en los bufones de la corte! Para mí el arte es para denunciar una situación: ésta, la que fue y la que venga. El arte no puede ser complaciente. Tengo un frasco lleno de balas que todos los fines de semana recogemos en la azotea de la ONG. ¿Qué es eso? No estamos haciendo una campaña en contra de la violencia de este Gobierno. La violencia no viene de este Gobierno, viene de gobiernos anteriores. No podemos ser tan ingenuos. 

-¿El arte venezolano se está rindiendo? 

-No sé si se rinde, pero si está en una posición muy cómoda. No apoya. El gran problema del Gobierno es que no tiene intelectuales de su lado, ni artistas. Rotan siempre a los mismos. Callarse solamente no es suficiente. Parto del hecho de que el silencio es complicidad. El proyecto de país que yo quiero lo intento hacer en la ONG. Porque, por ejemplo, no me voy a quedar esperando a que el Gobierno le haga a Bárbara Brändli un homenaje, sino se lo hicieron, nosotros lo hacemos. Hay que empezar a reaccionar. Creo que la sociedad venezolana está siendo como la avestruz. 

No todos son fotógrafos 

-La fotografía se ha masificado mucho más de lo que se pensó cuando salieron las cámaras digitales ¿Cómo analiza esta situación? 

-Creo que ahora hay un proceso de democratización del hecho fotográfico maravilloso. Estoy trabajando en una campaña con Onda sobre el retrato familiar. Ya la gente no tiene álbumes familiares, sus álbumes están en los teléfonos celulares. 

Se genera mucha imagen. Claro esto no implica que se esté generando una imagen crítica sobre la sociedad. Pero el hecho de la democratización es un fenómeno muy interesante. Ese es un ojo público que está ahí. Es algo que no puedes controlar. Pasó cuando en Londres hubo los sabotajes en el metro. Eso va a generar a nivel social una nueva iconografía no hecha por especialista ni por artistas. 

-¿Ahora cualquier persona puede llamar fotógrafo? 

-Si haces una campaña de alfabetización enseñas a que la gente escriba. Pero no estás formando escritores o poetas. Hay mucha gente que toma fotos pero no hay tantos fotógrafos, porque la fotografía es un lenguaje. Lo que si hay es un sector de la sociedad que se está educando. 

-Por ejemplo, en Caracas el número de escuelas y espacios para la fotografía ha aumentado... 

-Sí. Hay muchas opciones. Nosotros aprendimos cargando cables y asistiendo a otros fotógrafos para ver cómo eran. Uno no tenía la opción de asistir a una escuela. Uno leía por aquí y leía por allá. Ahora hay una cantidad de escuelas. 

-Las exposiciones de fotografías también han aumentado... 

-Bueno en la última FIA había como un 70% de fotografía y el resto era pintura. Eso no implica que sea mejor o peor, pero si se está generando ahora más fotografía, cosa que me encanta, porque hay mucha más participación. Para mí -dentro del lenguaje contemporáneo- la fotografía tiene la última palabra. No solamente en Venezuela, a nivel mundial también. Ahora yo voy para Madrid a dar un taller dentro de ARCO y te das cuenta que en todas las ferias de arte el hecho fotográfico agarra más espacio. Para mí los planteamientos contemporáneos más avanzados se están haciendo a través de la fotografía como herramienta. 

-¿Este es el momento de la fotografía? 

-Sí. Pero eso no implica que mientras se haga más sea mejor. Si se están generando muchos intentos de expresiones fotográficas. Lo que me encanta es que quienes están haciendo una reflexión del país son los jóvenes. A mi generación la situación nos arropó porque estábamos pendientes de lo que pasaba en Nueva York o en París. Ahora nuestros jóvenes están pendientes de lo que pasa en el Venezuela. Viene una generación extraordinaria. Algo que no está pasando en las pinturas. 

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