IBSN: Internet Blog Serial Number 1008-1009-0-6

lunes, 21 de febrero de 2011

"Al país le están quitando sus símbolos de orgullo" Entrevista a María Elena Ramos

Fuente: www.entornointeligente.com
Publicada el 21 de Febrero de 2011 |  El Nacional





Imagen de: www.observatorio-arendt.org


En 2001, María Elena Ramos tenía 12 años al frente del Museo de Bellas Artes y preparaba una exposición en la que artistas contemporáneos reinterpretaban el legado de los egipcios a partir de las piezas de esa civilización que la institución atesoraba en sus bóvedas. También había logrado que se aprobaran los recursos para hacer un trabajo de refacción al edificio. Sin embargo, ninguno de los planes se concretó, pues la suya fue una de las 18 cabezas que cortó la revolución cultural.

Una década después analiza lo ocurrido como el primer paso de un proceso que pretende acabar con los museos y con el resto de la plataforma cultural del país, el cual llama a detener. 

--Usted hizo pública la tesis de que el Gobierno necesita acabar con la institucionalidad cultural por razones políticas, ¿en qué se basa esa teoría? –
En 2001, el viceministro Manuel Espinoza demostró que venía con una clara intención de iniciar el desmontaje institucional y anunció la revolución cultural. Ese primer paso fue un punto de quiebre. Lejos de ser lo que algunos pensaron, simplemente la sustitución de unos directivos por otros, era el comienzo de la entrada de manera violenta a una institucionalidad cultural que había sido cuidada con amoroso celo durante años por gente que no estaba asociada al poder ni a la política, sino que eran especialistas en el medio. Esa revolución cultural sentó las bases y luego se fueron dando progresivos pasos hacia una decadencia de los museos, profundizados por Farruco Sesto, como la arremetida en contra de los curadores. Se implantó la visión de que los especialistas de los museos era gente elitesca; en 2004, los museos dejaron de existir como fundaciones del Estado y perdieron su autonomía con la creación de la Fundación Museos Nacionales. Paulatinamente, se eliminaron atribuciones, se desdibujaron sus perfiles y se descuidó la infraestructura.

--¿Más que un desmontaje, la crisis no tendrá que ver con la incapacidad de las autoridades para entender la dinámica de esas instituciones? 

--Hay una tendencia en la oposición a pensar que este es un gobierno muy ineficiente. Creo que eso hay que analizarlo y matizarlo. Es ineficiente en muchos aspectos concretos y circunstanciales, pero ha sido muy eficaz en su proceso de desmontaje de la institucionalidad del país, la que venía de eso que ellos llaman cuarta república, en función del deseo de instaurar otra institucionalidad. El desmontaje no es una cosa que haya inventado el chavismo. Si te pones a buscar en los libros y en el pensamiento marxista y estalinista, el concepto de desmontaje surge de una necesidad de producir otro modo de vida político. Si uno revisa los textos de Antonio Gramsci sobre la necesidad de ridiculizar, denigrar y marginar moralmente a intelectuales que no apoyen la revolución, te encuentras una cantidad de explicaciones que dan cuenta de lo que se está viviendo en las instituciones del país, incluyendo las de la cultura.

Una muestra de ello es lo que ocurrió en Pdvsa con la meritocracia. Lo que quiero decir es que la crisis de los museos hay que verla por una parte como la situación de un mundo cultural especializado, pero por otra está absolutamente insertada dentro de un proyecto macro nacional.

--De ser esa la intención del Gobierno, ¿no habría mandado a cerrar los museos de una vez en 2001? --

Si no hubieran tenido el origen democrático de unas elecciones, quizá hubieran podido hacerlo. Por otro lado, ha habido mucha protesta en el sector, que se ha movido para frenar arbitrariedades como el traslado de las obras a un solo depósito en la Galería de Arte Nacional, aunque también hay que decir que el ministro escuchó las opiniones de varios peritos, que desaconsejaban esa medida. En pocos días conseguimos mil firmas y organizamos un foro con la Fundación Cabrujas en el Ateneo de Caracas, al que asistió mucha gente, a pesar de la lluvia. También se habla de la creación de un comité de usuarios. Los museos tienen muchos dolientes.

--¿Por qué el ensañamiento con los museos y no con el cine, por ejemplo, que ahora produce más películas que antes? 
--

Los museos poseen una naturaleza objetual y espacial consolidada, además de la cantidad de logros y la respetabilidad que tenían, el orgullo de país que significaban. 

Eran una representación evidente de lo que había sido la calidad de esos horrendos 40 años de democracia. El desmontaje implica denigrar del que hizo un buen trabajo. No se trata sólo de destruir instituciones sino también de acabar con los prestigios personales, perseguir, intimidar, hacer que la gente actúe más por miedo que con criterio profesional. Aunque parte del problema es que se han nombrado directores que no tienen la suficiente experiencia, también se ha dado el caso de personas con buena formación y trayectoria respetable en el campo museológico, que han sido lamentables como directores porque han asumido acríticamente el daño progresivo que se le ha hecho a los museos. Además, se da la triste paradoja de que quien inició el desmontaje, Manuel Espinoza, es el fundador de la Galería de Arte Nacional.

--¿Qué papel jugó la eliminación de los logos?

 --El desmontaje es también simbólico y por eso el golpe a los logos era clave. Al país le están quitando los símbolos de orgullo para crear una nueva situación que Gramsci llama "el momento constructivo o de montaje". Uno se pregunta cuándo estarán en condiciones de hacerlo, porque la revolución cubana tiene 50 años y todavía no ha pasado al momento constructivo. Ahí la pregunta es: ¿son eficientes para crear algo nuevo, alguna cosa sólida que valga la pena sobre los escombros de lo que están destruyendo? Creo que la civilización no se construye así. Siento que en lugar de ineficiencia hay un resentimiento profundo. El peligro de la politización de la cultura es que se va sustituyendo el talento y los valores por la adhesión política e ideológica y eso es muy grave, disminuye el capital social de un pueblo. Lo que nos queda es desmontar el desmontaje. Esa es una tarea para las personas que forman parte de la cultura, estén o no es las instituciones, los medios de comunicación y el público en general. Hay que detener la herida a la civilización, al país y a su desarrollo. Hay que abrir los ojos.


"Se da la triste paradoja que quien inició el desmontaje, Manuel Espinoza, es el fundador de la Galería de Arte Nacional" 






No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada